El hijo mayor del ex presidente Jair Bolsonaro, derrotado por Lula en el balotaje, recibió la orden como si le hubieran quitado la llave del auto justo cuando salía de casa de su padre. La Policía Federal lo paró en plena calle y le exigió los pasaportes, prohibiéndole salir del país. Flávio lo calificó de “intento de intimidarme” y prometió cumplir, aunque con cara de quien acaba de perder la final del mundial por penales.
Según el senador, todo empezó porque su hermano Eduardo soltó en un podcast que él debería largarse si perdía las elecciones. El juez Alexandre de Moraes tomó la frase como excusa y firmó la medida el mismo domingo por la noche. Flávio, que niega cualquier plan de huida, se preguntó en voz alta si un comentario de su hermano bastaba para confiscarle los documentos. Nadie de la Corte Suprema respondió de inmediato, como suele pasar cuando el tema es incómodo.
El senador está metido en dos investigaciones por supuesta corrupción y lavado de dinero, una relacionada con la película sobre su padre y otra con su amigo abogado. Él lo niega todo, pero la coincidencia de fechas con la derrota electoral le dio material para hablar de venganza política. Mientras tanto, Lula celebraba su victoria con el 51,79 % de los votos y Bolsonaro se negaba a reconocerla, anunciando que pedirá anular los comicios por la extensión del horario de votación.
En el mismo video donde contó lo del pasaporte, Flávio prometió organizar la oposición y resistir “el caos”. “Voy a entregar mis pasaportes y voy a defenderme de esta aberración, pero nadie va a callarme”, declaró con tono de protagonista de telenovela que jura venganza desde la cárcel. Por ahora, el ex candidato tendrá que conformarse con hacer política dentro de Brasil, sin la opción de escaparse a Miami cuando las cosas se pongan feas.




