El primer ministro francés, Sébastien Lecornu, se presentó con cinco propuestas que parecían sacadas de una rifa de barrio: reformar a medias Parcoursup, crear quince mil plazas universitarias, invertir en institutos y reducir las aulas a veintiocho alumnos. Los estudiantes respondieron como si les hubieran regalado un vale para el dentista gratis.
Las asociaciones de institutos calificaron el paquete de “insuficiente” y anunciaron que las protestas continúan. Compararon las medidas con darle un chicle a un niño que pide una bici nueva. Según ellos, el gobierno quiere dividirlos ofreciendo primero las noticias a un grupo sin representación oficial, un movimiento que en España se llamaría “hacer la cobra institucional”.
Entre las promesas está indexar las becas a la inflación, como si el dinero fuera a multiplicarse solo por arte de magia. También hay mil millones para reformar institutos y otros cuatro mil en créditos, lo que en la práctica significa que los centros seguirán pareciendo decorados de película de terror hasta 2031. Los alumnos exigen diez mil millones y la desaparición total de Parcoursup, al que describen como un sistema de admisión más opaco que una telenovela de sobremesa.
A partir del lunes, cuando vuelvan las clases, planean retomar los bloqueos de institutos y sumarse a la huelga general del 5 de noviembre. Lecornu puede haber ofrecido cinco medidas, pero los estudiantes ya tienen claro que prefieren diez mil que cinco migajas.




