Nayib Bukele decidió que cuatro soldados salvadoreños desaparecidos en Haití merecían un despliegue digno de película de acción de los noventa. Envió más de dos mil militares, blindados y helicópteros como si estuviera organizando una invasión para recuperar la pelota que se le perdió al vecino. Todo empezó cuando pandillas haitianas emboscaron un vehículo y los técnicos de la Fuerza de Supresión de Pandillas se esfumaron como billetes en una rifa del barrio.
El presidente subió un video a la red social X donde se ve cómo cargan los aparatos con grúas, incluyendo un Boeing 737 de una empresa ecuatoriana que ya ha hecho varios viajes entre Ecuador, El Salvador y Haití. Bukele escribió que están dando una lección a las bandas que hacen sufrir al pueblo haitiano y aclaró que esto no es una invasión, solo una operación financiada en un noventa por ciento con plata salvadoreña. O sea, el país que ya tiene problemas propios ahora paga la fiesta militar en el extranjero.
Los analistas se rascan la cabeza porque en diez días Bukele igualó lo que la fuerza respaldada por la ONU tardó más de un año en armar. Además, representa al menos el diez por ciento del ejército salvadoreño. En Haití las cárceles están reventadas, el poder judicial es un chiste y hasta los pandilleros reclutan menores, así que la idea de aplicar el mismo método que usó en su país suena tan realista como tratar de apagar un incendio con ron.
Por ahora la excusa oficial sigue siendo el rescate, pero el tamaño del circo hace sospechar que el show podría durar más de lo que admiten. Mientras tanto, los haitianos siguen sufriendo y Bukele sigue posando de salvador regional con armamento prestado.




