Wall Street tuvo un berrinche digno de telenovela de las nueve, con los inversionistas huyendo de las acciones tecnológicas como si hubieran visto un fantasma. El Nasdaq 100 se desplomó un 2,2% y el S&P 500 un 1,2%, en lo que pareció una estampida de ricachones asustados por sus propias sombras. La razón del pánico generalizado es tan moderna que hasta da risa: la inteligencia artificial está resultando más cara que mantener a un político honesto.
El drama principal lo protagoniza Meta, la empresa del amigo Mark Zuckerberg, que vio cómo sus acciones caían más de un 6%, perdiendo la friolera de 115.000 millones de dólares de valor en un parpadeo. Resulta que los jefes de la compañía anunciaron compromisos de gasto por unos 825.000 millones de dólares para su juguetito de inteligencia artificial. A los inversores casi les da un infarto al pensar de dónde saldrá tanta plata, imaginando que Zuckerberg venderá hasta los muebles de la oficina.
El pánico se contagió más rápido que chisme de oficina y salpicó a todo el vecindario tecnológico. Tesla, por su parte, tuvo que apretarse el cinturón y reducir sus planes de inversión para 2026 a unos 20.000 millones de dólares, lo que pone en duda si su robot Optimus terminará trabajando de mesero para pagarse el aceite. Hasta SpaceX, que duplicó sus ingresos, vio caer sus acciones un 5,9%, demostrando que en la bolsa la lógica a veces se toma vacaciones.
En medio del caos, un analista de Pepperstone, de nombre Felipe Barragán, puso el grito en el cielo, exigiendo “evidencia más concreta de rentabilidad”. Traducido del idioma financiero al español de a pie, significa que los inversionistas ya se cansaron de las promesas de un futuro con autos voladores y quieren ver el dinero contante y sonante. Básicamente, les dijo que dejaran de vender humo y mostraran la lana.
Mientras tanto, en el mundo de los mortales, American Airlines anunció que su factura de combustible aumentará en 2.800 millones de dólares, casi lo que se gasta uno en aguacates al año. Pero no todo es tragedia, porque Lockheed Martin, los que fabrican misiles, elevaron sus previsiones de ganancias gracias a una demanda que va viento en popa. Parece que mientras unos se preocupan por la gasolina del avión, otros celebran porque el negocio de los cohetes está que arde.
Así que mientras los genios de la tecnología se preguntan cómo financiar sus robots mayordomos y sus mundos virtuales, el resto del planeta sigue con problemas más terrenales, como el precio del petróleo. Al final, Wall Street demostró ser ese lugar mágico donde puedes duplicar tus ingresos y aun así perder valor porque a alguien le entró el miedo. Vaya usted a saber.




