Venezuela desempolva la alcancía y pide 76 mil millones para su pachanga petrolera

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En un giro de guion más audaz que telenovela de las nueve, Venezuela ha anunciado que necesita la módica suma de 76 mil millones de dólares para revivir su industria petrolera. La encargada de pasar el sombrero fue Delcy Rodríguez, quien en una conferencia en Maracaibo presentó el plan como si estuviera vendiendo un producto milagroso en la teletienda. La idea es atraer capital privado, presumiblemente de gente que no ha visto las noticias en los últimos veinte años.

Informe El Chapucero

Según el gobierno, ya tienen 61 acuerdos firmados y otros 44 en la fila, como si se tratara de la preventa de entradas para un concierto. Con esta millonada, prometen crear más de 324.000 puestos de trabajo, un número tan optimista que hasta los políticos en campaña se sonrojarían. Básicamente, el plan consiste en que inversores extranjeros pongan el dinero mientras Venezuela pone el sol, el calor y la mano de obra.

El chiste se cuenta solo cuando recordamos que Venezuela está sentada sobre las reservas de crudo más grandes del mundo. Es como ser dueño de la panadería más grande del planeta pero no tener ni para comprar levadura. A pesar de tener más petróleo que ideas para sacarlo, su producción actual es una sombra de lo que fue, un recuerdo nostálgico de cuando las cosas funcionaban.

Claro que para convertir esos billetes en barriles de crudo hace falta algo más que buenas intenciones. Los inversores, que no nacieron ayer, miran con recelo un historial de nacionalizaciones e incertidumbre política que da más miedo que una factura de la luz. Los yacimientos están más deteriorados que un sofá viejo en la calle y la infraestructura eléctrica parpadea más que un arbolito de Navidad defectuoso.

Hasta los gigantes como Chevron, que ya andan por ahí, han dicho que la cosa va para largo y que se necesita más que un cheque gordo para arreglar el desastre. Afirman que se necesitarán años de trabajo, cooperación y probablemente un par de milagros para que la inversión se traduzca en algo tangible. Es como pedirle a alguien que invierta en un coche de lujo que no tiene motor, ni ruedas, ni volante, pero que tiene un potencial increíble.

Al final, el anuncio parece más una carta a los Reyes Magos que un plan de negocios serio. Venezuela está organizando una fiesta carísima y espera que los invitados no solo traigan su propia bebida, sino también el dinero para construir el salón de fiestas. La pregunta del millón, o más bien, de los 76 mil millones, es quién será el valiente que ponga la primera ficha en esta ruleta.

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