Latinoamérica se pone de derechas y el FMI saca la chequera para la fiesta

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Parece que a toda Latinoamérica le dio por hacer una limpieza de armario ideológica, tirando las camisetas del Che para ponerse el uniforme de oficinista conservador. Este giro a la derecha, más brusco que frenada de microbús en hora pico, ha hecho que la región y Washington se miren con ojitos de amor. De repente, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, antes vistos como los villanos de la película, son los nuevos mejores amigos a los que todos invitan a la carne asada.

Informe El Chapucero

Según el FMI, todo es una feliz coincidencia. Un tal Nigel Chalk, directivo del fondo, declaró que su único interés es «apoyar el cambio hacia políticas más responsables», mientras guiñaba un ojo disimuladamente. Con 10 programas activos en el continente, el FMI está más presente que un pariente que pide dinero prestado, apoyando a todos los nuevos gobiernos que, casualmente, le caen de maravilla a la Casa Blanca. La política, aseguran, no tiene nada que ver.

Argentina es el alumno estrella de esta nueva clase, con un presidente que usa una motosierra para explicar su plan económico. El país recibió un empujoncito de 20.000 millones de dólares del FMI, y su directora, Kristalina Georgieva, lo presenta como un ejemplo a seguir. Es como si tu tía te felicitara por haber arreglado la licuadora a martillazos porque, de alguna manera, volvió a encender.

Pero la fila para recibir el maná financiero es larga. Bolivia, tras poner fin a casi dos décadas de socialismo, ya aseguró un programa de 1.900 millones de dólares para enfrentar su peor crisis en cuarenta años. Su plan incluye eliminar subsidios y sanear las finanzas, lo que suena a ponerse a dieta estricta después de años de bufet libre. Colombia también está en negociaciones, esperando su turno para pasar por caja.

El giro de guion más increíble, digno de una telenovela, lo protagoniza Venezuela. Después de años de ser el innombrable, el país podría recibir hasta 5.000 millones de dólares del Banco Mundial. Es un regreso tan inesperado que es como si el malo de la historia volviera en la última temporada para pedir perdón y un préstamo para empezar un negocio de comida saludable.

Al final, el mensaje del Banco Mundial es claro: «Queremos recompensar a los reformadores». O, en español para el pueblo: si te portas bien y haces las tareas que te dejamos, habrá dulces y dinero. Así, la región se alinea en una perfecta coreografía económica, demostrando que no hay nada que una buena inyección de capital no pueda arreglar, al menos por un rato.

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