Imagínate despertar un día y, en lugar de una resaca de campeonato, te encuentras con una fortuna de 29.900 millones de dólares. Pues esa es la vida de Mark Mateschitz, un austriaco de 34 años que ganó la lotería genética al ser el hijo del cofundador de Red Bull. Mientras el resto de los mortales se conforma con heredar deudas o un juego de vajilla incompleto, este muchacho se quedó con el 49% de la empresa que vende 14.000 millones de latas al año, demostrando que el mejor plan de negocios es elegir bien a tus padres.
Pero no creas que Mark está solo en el club de los treitañeros con más dinero que sentido común. Le pisa los talones Greg Brockman, cofundador de OpenAI, quien amasó 25.500 millones de dólares gracias a que su robot parlanchín, ChatGPT, se volvió más popular que los videos de gatitos. Y para que veas que en este mundo hay de todo, en tercer lugar está el checo Michal Strnad, otro joven de 34 años cuya fortuna de 18.900 millones proviene de vender equipos militares. Así es, mientras unos te dan alas, otros te venden lo que te las corta de un cañonazo.
La lista continúa con personajes que te harán cuestionar tus decisiones de vida. Están los hermanos Collison, que se forraron con su empresa de pagos Stripe, y Hugh Grosvenor, un duque británico que básicamente heredó medio Londres, con tierras que su familia posee desde el lejanísimo año de 1677. Su mérito principal fue nacer en la cuna correcta, un trabajo para el que, seamos honestos, no se necesita mucho currículum. A su lado, el esfuerzo que haces por llegar a fin de mes parece una hazaña digna de una medalla olímpica.
Y agárrate, porque el desfile de dinero apenas comienza. Resulta que los *baby boomers* están a punto de soltar la herencia más grande de la historia: más de 84 billones de dólares que caerán en manos de las nuevas generaciones. Es como si de repente se rompiera la piñata más grande del mundo, solo que la mayoría de nosotros estaremos afuera, mirando cómo unos pocos recogen los dulces con una pala mecánica mientras nos gritan que le echemos más ganas.
Este tsunami de billetes ya está generando un choque generacional digno de una telenovela. Mientras los *baby boomers* invierten con el mismo miedo con el que tu abuela cruza la calle, los *millennials* están listos para apostar la fortuna en criptomonedas y otros inventos modernos. Al final, da igual si lo invierten en cohetes espaciales o en aguacates de oro; al resto de nosotros nos tocará seguir comprando latitas energéticas para financiar sus caprichos. ¡Salud por ellos



