Putin organiza una tertulia para la paz, pero la propuesta le sabe a sopa de ayer

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Como si se tratara de organizar la cena de Navidad más incómoda de la historia, el presidente Vladimir Putin ha extendido una invitación para reanudar las conversaciones de paz. Después de una maratónica charla de más de tres horas con el mensajero de Trump, un tal Steve Witkoff, el Kremlin anunció que está dispuesto a sentarse en la misma mesa con Estados Unidos y Ucrania. Propusieron una fecha a principios de noviembre, probablemente para asegurarse de que el pavo de Acción de Gracias no se les atragante con la tensión.

El enviado estadounidense llegó a San Petersburgo más emocionado que un niño con juguete nuevo, cargando documentos con supuestas «propuestas productivas» sacadas de su reunión en Noruega. Putin, con la paciencia de un santo que ha visto de todo, lo escuchó atentamente. Sin embargo, su veredicto fue el equivalente a una palmadita en la espalda: señaló «algunos elementos nuevos», pero concluyó que todo el paquete aportaba menos novedad que una repetición de telenovela para resolver la crisis.

Mientras los peces gordos movían sus fichas en el tablero mundial, el presidente ucraniano Volodymyr Zelenskiy tenía problemas más terrenales y urgentes: su conexión a internet. En plena entrevista para la televisión estadounidense, se quejó de que sus tropas seguían batallando con el servicio satelital de Starlink. Al parecer, es difícil coordinar una defensa nacional cuando el video se queda congelado en la parte más importante.

Por su parte, Zelenskiy dejó claro que está dispuesto a cualquier formato de reunión, pero con una condición que parece de sentido común pero que en política hay que aclarar: «por favor, no hablen de nosotros sin que estemos presentes». Es la versión diplomática de «no me organicen una fiesta sorpresa si no voy a poder ir». Además, insistió en que cualquier acuerdo final deberá pasar por un referéndum, porque el pueblo ucraniano debe dar el visto bueno antes de firmar cualquier cosa.

Al final, la gran cumbre por la paz parece más un episodio piloto de una serie que nadie sabe si tendrá una segunda temporada. El enviado Witkoff se marchó de San Petersburgo, Putin aprovechó para pedir que también se hable del Medio Oriente y de negocios, y Zelenskiy seguramente volvió a Ucrania a reiniciar el módem. La diplomacia moderna es un espectáculo fascinante, lleno de propuestas, contrapropuestas y, sobre todo, mala señal de internet.

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