Justo cuando la contienda electoral en Brasil está más apretada que un par de vaqueros después de la cena de Navidad, al gobierno de Lula le ha entrado un ataque de generosidad espontánea. A solo dos semanas de verse las caras con Flávio Bolsonaro en el balotaje, el gobierno anunció una medida milagrosa: eliminar temporalmente los impuestos a la gasolina. Qué oportuno, ¿verdad? Es casi como si quisieran que la gente llegara feliz y con el tanque lleno a votar.
Esta mágica solución durará unos gloriosos 30 días, un romance de verano entre el conductor y su billetera. Gracias a esta maniobra, cada litro de gasolina será 0.89 reales más barato, el equivalente a unos 18 centavos de dólar. Con semejante dineral, los brasileños podrán comprarse un chicle de bola o quizás la mitad de un café, demostrando que la prosperidad está a la vuelta de la esquina, siempre y cuando esa esquina tenga una promoción.
Claro que no podía faltar el aguafiestas oficial, Flávio Bolsonaro, quien ve el truco detrás de la magia. Calificó la medida de «irresponsable» y advirtió que es una «bomba de tiempo» que le explotará en la cara al consumidor justo después de que se cuenten los votos. Según él, Lula está invitando a una ronda de tragos que luego pagará el pueblo con una resaca monumental en los precios del diésel.
Y es que el horno no está para bollos. La elección está que arde, con Bolsonaro habiendo sacado un 47% en la primera vuelta frente al 45% de Lula. Mientras tanto, la inflación de septiembre subió un 0.82%, y en el último año ya acumula un 4.58%, superando la meta oficial. Básicamente, el costo de vida es el tema del que todos hablan, y una rebajita en la gasolina suena a música celestial, aunque sea de una flauta desafinada.
Para calmar a los que se preguntan de dónde saldrá el dinero para este fiestón, el gobierno asegura que todo se pagará con «ingresos extraordinarios» de las exportaciones de petróleo. Es como encontrar dinero en el bolsillo de un pantalón viejo justo cuando necesitabas pagar una deuda. Además de la gasolina, también ampliaron las ayudas a los importadores de diésel, porque en año electoral hay que quedar bien con todos.
Al final, los brasileños disfrutarán de un pequeño alivio que durará menos que una promesa de campaña. El 25 de octubre decidirán si prefieren la oferta de hoy o la advertencia para mañana. Lo único seguro es que, gane quien gane, el surtidor de la gasolinera seguirá siendo el confesionario donde los ciudadanos rezan para que el próximo recibo no les dé un susto de muerte.



