Abróchense los cinturones, porque esta semana la economía nos dio un paseo en una montaña rusa sin frenos y con un tornillo suelto. La inflación, ese invitado gorrrón que nunca se va de la fiesta, decidió subir un poquito más hasta el 3.45%. No es para salir corriendo en pánico, pero es como esa gotera en el techo que sabes que tarde o temprano te va a arruinar el sillón nuevo.
Mientras tanto, en el Olimpo financiero, los señores del Banco de México (Banxico) se reunieron para jugar a la ouija con el futuro de nuestro dinero. Decidieron, en un arranque de audacia, no hacer absolutamente nada y dejar la tasa de interés en 6.50%. Eso sí, tres de los cinco miembros susurraron que «quizás, tal vez, si los astros se alinean y la inflación se porta bien», podrían considerar bajarla en el futuro, una promesa tan firme como la de empezar la dieta el lunes.
Con este panorama, no es de extrañar que la confianza del consumidor cayera más rápido que las esperanzas de ver el final de una telenovela. Resulta que los mexicanos andamos con el ánimo por los suelos y con la cartera más apretada que tuerca de submarino. El consumo privado se quedó más tieso que una estatua, demostrando que ni siquiera el fervor futbolístico nos animó a sacar la tarjeta de crédito para comprar otra pantalla plana.
Pero aquí viene la parte más absurda: mientras nuestro poder adquisitivo se desvanece, el peso mexicano tuvo una semana más trágica que la vida amorosa de tu amigo el divorciado. La moneda local se depreció más de 20 centavos en un solo día, acumulando una caída del 9% en cinco semanas. A pesar de esto, la Bolsa Mexicana de Valores (BMV) celebró como si hubiera ganado el mundial, subiendo con un optimismo que nadie en la calle entiende.
Y para que no te sientas solo en este manicomio, el resto del mundo está igual de perdido. La inflación en la eurozona se disparó a 3.8% y la confianza de los consumidores gringos también anda por los suelos. Al final, parece que los economistas nos están contando un chiste muy elaborado y nadie nos ha explicado el remate, mientras nosotros solo intentamos descifrar si nos alcanzará para el aguacate.



