Los inversionistas que apostaron fuerte a un triunfo de la derecha en Brasil se encontraron con la reelección de Luiz Inácio Lula da Silva y sufrieron una resaca financiera que pocos esperaban. Citigroup, Morgan Stanley y otros grandes jugadores retiraron de inmediato sus recomendaciones alcistas y pidieron a sus clientes reducir posiciones en la mayor economía de América Latina. La operación que parecía la favorita del año en mercados emergentes se convirtió de golpe en un dolor de cabeza colectivo.
El real perdió un 8 por ciento en un solo día, la mayor caída en más de dos décadas, mientras el Ibovespa se derrumbó casi un 14 por ciento, su peor jornada desde inicios de 2020. Las tasas de los swaps subieron casi tres puntos porcentuales y los bonos en dólares brasileños quedaron rezagados frente a otros mercados emergentes. La rapidez de la estampida obligó a suspender operaciones en varios activos.
Algunos bancos no esperaron ni a que se secara la tinta de los resultados electorales. Citigroup liquidó sus posiciones favorables, Morgan Stanley bajó la calificación de las acciones brasileñas a ponderación neutra y JPMorgan redujo su recomendación sobre el real y las tasas locales. La mayoría coincidió en que la política fiscal del nuevo gobierno representa el principal riesgo.
No todos corrieron hacia la salida. En Aberdeen decidieron mantener la exposición actual a la espera de conocer el equipo económico de Lula y sus planes para el déficit presupuestario, que supera el 9 por ciento del PIB. En GQG Partners y en Carmignac consideran que la reacción fue exagerada y ven valor en las empresas brasileñas por sus dividendos y ganancias sólidas. Wells Fargo incluso sugirió comprar el real cerca de 5,56 por dólar.
El dilema central sigue siendo el mismo: Lula necesitará ajustar las cuentas públicas sin contar con mucho margen, mientras los hogares y las empresas ya están muy endeudados. Los mercados, por ahora, esperan señales concretas antes de volver a apostar. Quienes se quedaron dentro y quienes salieron coinciden en algo: cualquier error fiscal puede costar caro y convertir la fiesta en un nuevo capítulo de dolores de cabeza.




