El real y el Ibovespa llegaron reforzados a la recta final de las elecciones brasileñas, impulsados por las expectativas de un giro político. Desde la primera vuelta el índice ganó casi 7 por ciento y el dólar retrocedió más de 4 por ciento. Los inversores celebran estas subidas como quien encuentra billetes en la calle, aunque saben que el domingo pueden convertirse en migajas si el resultado no les favorece.
Las encuestas entre operadores muestran un optimismo desequilibrado. Casi la mitad espera que el Ibovespa suba más de 5 por ciento si gana Bolsonaro, mientras que casi 80 por ciento prevé una caída superior al 5 por ciento si triunfa Lula. El real también aparece como beneficiado en un escenario y como víctima en el otro, con proyecciones de depreciación que duplican cualquier ganancia posible.
Los analistas advierten que gran parte de la revalorización ya ocurrió porque el mercado apostó fuerte por un resultado favorable. Las posiciones alcistas crecieron tanto que algunos fondos locales podrían sufrir pérdidas severas si el electorado decide lo contrario. Es como haber llenado el carrito del supermercado sin revisar el precio final.
El repunte no depende solo del nombre del ganador, sino de que el próximo gobierno presente un plan creíble para estabilizar la deuda pública. Sin ese ajuste fiscal, las acciones brasileñas perderían el impulso que ahora las sostiene. Los sectores orientados al consumo interno y las empresas endeudadas serían los más sensibles a una eventual baja de tasas.
Los sondeos del domingo decidirán el rumbo inmediato, pero el verdadero examen llegará el lunes cuando el mercado evalúe el equipo económico y las primeras señales sobre el ajuste de las cuentas públicas. Hasta entonces, los inversores siguen sudando como si esperaran el resultado de un examen que ya estudiaron a medias.




