Los inversores latinos sudan tinta con el congreso demócrata que ahora controla las llaves del tesoro trumpiano.

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Durante un año entero los gestores de fondos jugaron al amigo o enemigo según el humor de Donald Trump y ahora descubren que el juego cambió de dueño. El resultado de las elecciones de mitad de mandato en Estados Unidos introduce una variable nueva que afecta especialmente a quienes se beneficiaron de la presión contra China en la región. Los bonos argentinos fueron los primeros en resentirse al temer que la línea de intercambio de veinte mil millones de dólares pudiera quedar en el aire.

En Venezuela los inversores ya enfrentaban retrasos en el análisis de sostenibilidad de la deuda y ahora calculan si el nuevo panorama político complicará aún más las cosas. El escrutinio sobre cualquier movimiento hacia Caracas aumentará y las resistencias en el congreso serán mayores aunque el presidente conserve poder mediante decretos. La operación que expulsó a Maduro no necesitó aprobación legislativa pero el respaldo financiero sí podría tropezar.

Algunos aliados regionales ya muestran grietas propias que complican el panorama. La popularidad de Javier Milei bajó por sus ajustes fiscales y las perspectivas de reelección se complican. En Paraguay un expresidente enfrenta imputaciones por la quiebra de un banco y en Brasil el hijo de Bolsonaro perdió las elecciones y terminó refugiado en Estados Unidos.

Los expertos coinciden en que los intereses estratégicos como minerales y energía seguirán pesando más que las simpatías políticas aunque el congreso demócrata ponga trabas. Quienes dependían del apoyo externo ahora cargan con mayor riesgo de fricción en sus operaciones. El termómetro de amigo o enemigo sigue marcando pero ahora con el termostato en manos de otro partido.

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