Michael Hartnett, de Bank of America, ha decretado que los inversores deben seguir escondidos bajo la cama hasta mediados de noviembre. La culpa la tienen el caos en el sector de la inteligencia artificial y las elecciones estadounidenses de mitad de legislatura. Según el estratega, lo mejor es mantenerse alejado de cualquier cosa que huela a riesgo.
Hartnett espera que los rendimientos, las acciones y hasta el dólar estadounidense sigan bajando como ascensor sin frenos. Además, el mercado aún no ha descontado del todo una victoria demócrata en ambas cámaras, lo que significaría el final de los impuestos bajos y la regulación ligera. Esa combinación, advierte, sería un golpe directo al crecimiento de las ganancias.
Otro detonante para que vuelva el apetito por el riesgo sería que el Banco Central Europeo o el Gobierno francés intervengan para frenar la caída de los rendimientos de la deuda francesa. Mientras tanto, los diferenciales de las grandes compañías de inteligencia artificial siguen ampliándose, algo que podría explicarse por recortes en el gasto de capital o por anuncios de emisiones de acciones masivas.
A pesar de todo, los inversores siguen metiendo dinero a raudales en acciones tecnológicas, con las mayores entradas semanales desde julio según datos de EPFR Global. Una encuesta de Bank of America revela que la exposición al sector tecnológico es la más alta desde agosto de 2020. Sin embargo, al mismo tiempo buscan refugio en sectores defensivos por el miedo a la subida del petróleo, los costes de financiación y la posible burbuja de la IA.
Ken Griffin ya advirtió esta semana que los inversores están casi con toda seguridad dentro de una burbuja de inteligencia artificial. El índice S&P 500 ponderado por igual tuvo su mejor jornada desde 2024 frente al ponderado por capitalización, mientras que los valores defensivos de productos de consumo van camino de su mejor mes desde 1998. Al final, parece que todos prefieren el colchón a la montaña rusa.




