Las inteligencias artificiales tienen más hambre de cobre que tu cuñado en una parrillada familiar

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Resulta que la gran revolución de la inteligencia artificial, esa que promete autos voladores y robots que nos harán el desayuno, funciona con el mismo material del que están hechas las tuberías de tu abuela: cobre. Toda esa magia digital que crea imágenes absurdas y responde preguntas existenciales necesita una cantidad de cableado que parece sacada de una película de ciencia ficción de bajo presupuesto, demostrando que el futuro, al final, es bastante rústico.

Según los adivinos con calculadora del Grupo Trafigura, la fiesta apenas comienza. Este año, las IA se van a devorar un millón de toneladas de cobre, pero para 2028, si se cumplen todos los sueños húmedos de los gigantes tecnológicos, la cifra podría escalar hasta las tres millones de toneladas. Es el equivalente a pasar de necesitar un cable para cargar el celular a querer cablear el planeta entero solo para ver videos en calidad ultra alta.

Claro que no faltan los pesimistas, quienes creen que no todos esos proyectos llegarán a buen puerto. En el escenario más «conservador», la demanda «solo» alcanzaría 1.6 millones de toneladas para 2028, lo que representa un modesto aumento del 60% respecto a este año. Es como discutir si el asteroide que viene hacia nosotros es gigantesco o simplemente descomunal; el impacto será memorable de cualquier forma.

Mientras tanto, el precio del cobre anda por las nubes, alcanzando récords que harían llorar a tu cartera. Pero a las empresas que construyen estos monstruosos centros de datos parece importarles poco. Según un analista, estas compañías «no son sensibles al precio», lo que básicamente significa que pagarían lo que fuera, como si estuvieran comprando aguacates en el supermercado más caro de la ciudad sin mirar la etiqueta.

Lo más irónico de todo es que esta insaciable sed de cobre por parte de las IA es lo único que está salvando el mercado mundial. Sin este capricho tecnológico, la demanda global se desplomaría este año, según los mismos expertos. Así que podemos agradecerle a los algoritmos que los mineros sigan teniendo trabajo, todo para que podamos pedirle a una máquina que nos dibuje un perro montando un unicornio.

Así que ya sabes, la próxima vez que veas un trozo de cable de cobre, trátalo con respeto, pues podría ser el alimento de la próxima gran mente digital. Empieza a revisar las tuberías viejas y a guardar las monedas de centavo. En una de esas, el futuro de la humanidad depende de cuánta chatarra podamos venderle a nuestros nuevos amos computarizados.

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