La mandataria Laura Fernández Delgado salió en un video de tres minutos para anunciar que Costa Rica no entrará al Tratado Transpacífico y que además despide a la ministra de Comercio Exterior por guardar el texto como si fuera el código de un banco suizo. Indiana Trejos recibió la orden directa de mostrar el acuerdo a los sectores productivos y no lo cumplió, así que ahora busca empleo en otra parte. La presidenta sentenció que el documento se archiva de inmediato y que el Transpacífico no va.
El argumento central es que miles de familias dedicadas a la ganadería, la lechería y el cultivo de frutas y verduras a pequeña escala no pueden competir a ciegas contra un mercado de seiscientos millones de personas. Fernández explicó que nadie les entregó el texto completo pese a sus instrucciones, por lo que decidió protegerlos antes que firmar a oscuras. Comparó la situación con obligar a alguien a jugar póker sin ver las cartas mientras el otro lado ya conoce todas las manos.
Aunque se declara liberal en lo económico y defensora del libre comercio, la presidenta priorizó la transparencia por encima de todo. Recordó que Costa Rica ya exporta cerca de cinco mil productos a ciento sesenta países por más de veintiséis mil millones de dólares anuales y genera casi trescientos mil empleos. Aun así, consideró que las circunstancias actuales no permitían avanzar con un acuerdo rodeado de tanto secreto.
El tratado reúne a doce países que representan el quince por ciento del PIB mundial y el dieciocho por ciento del comercio global de bienes. Costa Rica había solicitado su ingreso en dos mil veintidós, recibió invitación en dos mil veinticuatro y concluyó las negociaciones en mayo de dos mil veintiséis, pero todo se detuvo por la falta de información a los afectados. Sectores agropecuarios alertaron sobre amenazas directas a su producción y la Defensoría de los Habitantes pidió estudios sobre empleo rural y seguridad alimentaria.
Diputados de oposición celebraron el archivo como triunfo de las organizaciones sociales, mientras otros cuestionaron el dinero gastado en viajes y reuniones que ahora parecen inútiles. La salida de la ministra se suma a otros despidos recientes en el gobierno y deja en el aire la reputación internacional del país. Al final, el mensaje quedó claro: mejor guardar el tratado en el cajón que firmar un cheque en blanco.




