Alphabet presume de que su negocio en la nube vuela como cohete, pero resulta que más de un tercio del aumento trimestral proviene de Crux AI, una empresa que la propia compañía ayudó a crear junto con Blackstone. La cartera de pedidos alcanzó los 560.800 millones de dólares, aunque 16.800 millones están atados a ese acuerdo interno que Alphabet financia con hasta 10.000 millones en garantías para centros de datos y energía. Los inversores ya miran con sospecha este crecimiento que parece más un movimiento contable que una avalancha de clientes externos.
El informe trimestral también destapa compromisos contingentes por 98.500 millones de dólares, un aumento de 23.000 millones respecto al trimestre anterior. Entre esas obligaciones aparecen avales para arrendamientos de centros de datos, compras de equipos eléctricos y la posibilidad de recomprar chips de inteligencia artificial a los clientes si las cosas se tuercen. La directora financiera mencionó más de un billón de dólares en compromisos de compra y arrendamientos futuros, pero el documento revela riesgos que no se comentaron en la conferencia de resultados.
Los analistas señalan que la cartera de pedidos pierde brillo cuando gran parte del impulso viene de una entidad vinculada en lugar de clientes independientes. Dan Morgan, gestor de carteras, resumió que sería preferible ver crecimiento procedente de fuera y no de una especie de profecía autocumplida fabricada en casa. La comparación con Oracle y su colaboración Stargate solo refuerza la duda sobre cuánto de estos números es realmente orgánico.
Mientras tanto, los clics de pago en la Búsqueda de Google crecieron solo un 8 por ciento, menos que el 13 por ciento del trimestre anterior. Aunque el volumen de consultas aumentó al ritmo más rápido en cinco años, el Modo IA genera menos ingresos por cada clic, lo que obliga a la compañía a ampliar la publicidad en ese formato incluso a mercados internacionales.
El contraste entre el entusiasmo por la inteligencia artificial y los números más modestos de monetización genera escepticismo entre los inversores. Alphabet se abstiene de comentar los detalles, pero el informe deja claro que la expansión de la IA requiere compromisos financieros cada vez más grandes y riesgos que van más allá de lo anunciado en público. Al final, la nube crece, pero parece que parte del viento que la empuja lo generan ellos mismos.




