El titular de Hacienda asegura que tanto el dinero del gobierno como el de los empresarios han sido el motor que reactiva la economía en la segunda mitad del año. Los datos oficiales muestran que la inversión pública llegó a 637 mil 631 millones de pesos en el tercer trimestre, un aumento del ocho por ciento respecto al año anterior. El funcionario lo dice con cara de quien acaba de encontrar un billete en el bolsillo del pantalón viejo.
El rubro que más creció fue el de infraestructura educativa con un trescientos dieciséis por ciento, seguido por el de salud con doscientos veintiocho por ciento. Solo en septiembre el gasto en obras subió sesenta punto cinco por ciento anual, la mayor alza para ese mes desde el dos mil trece. Mientras tanto la inversión privada avanzó seis punto siete por ciento hasta julio, como si los empresarios hubieran decidido apostar a que el país no se cae.
El gobierno planea juntar cinco punto seis billones de pesos entre recursos públicos y privados hasta el dos mil veintitrés para detonar más obras. La idea es que este plan no solo impulse el crecimiento sino que también ayude a reducir el déficit fiscal sin que las calificadoras se pongan histéricas. Hasta ahora han logrado ahorros en intereses, aunque reconocen que el ritmo es más lento de lo que muchos esperaban.
Según el Inegi la economía creció tres punto dos por ciento anual y cero punto nueve por ciento en el trimestre, acumulando ya dos periodos por encima del promedio histórico. En los primeros nueve meses el avance anual fue de uno punto ocho por ciento. Si el ritmo se mantiene, el cierre del año podría llegar cerca del dos por ciento, que es el límite superior de las previsiones oficiales.
Los analistas del mercado esperan uno punto cuatro por ciento y el Fondo Monetario Internacional calcula uno punto cinco, pero varios bancos ya hablan de mantener su pronóstico en dos por ciento. El funcionario de Hacienda sugiere que tal vez sea momento de revisar esas cifras al alza. Al final parece que la economía mexicana sigue avanzando, aunque sea con la lentitud de un burócrata que busca el sello correcto.




