Inversores extranjeros le lanzan a Brasil una carretilla de dinero confiando en un político misterioso

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Parece que los inversionistas extranjeros confundieron la bolsa de valores de Brasil con una piñata gigante, porque le soltaron una cantidad de dinero tan absurda que hasta los banqueros se sonrojaron. El motivo de tanta generosidad es la creciente esperanza de que el candidato opositor, Flávio Bolsonaro, tenga una varita mágica para arreglar la economía. Básicamente, le están apostando hasta la camisa a un caballo que todavía no ha dicho si sabe correr.

Informe El Chapucero

El pasado 5 de octubre, estos optimistas sin remedio metieron la friolera de 10.060 millones de reales, que para los que no andamos en esas ligas, son unos 2.010 millones de dólares. Según los chismosos de la bolsa brasileña B3 SA, esta es la mayor inyección de capital extranjero en un solo día en toda la historia del país. Más dinero que el que se mueve en el camerino de un equipo de fútbol después de ganar un campeonato.

Como era de esperarse, la bolsa se puso más eufórica que un contador en día de pago. El índice de referencia Ibovespa se disparó un impresionante 7,7% el lunes, su mayor subidón en más de seis años. Otros activos brasileños, como el real y los fondos en el extranjero, también se unieron a la fiesta, contagiados por la emoción del momento como si hubieran puesto reguetón en la oficina.

El origen de esta locura colectiva fue el resultado de la primera vuelta electoral, donde Bolsonaro sorprendió a todos llevándose un 47% de los votos. Con esa cifra, dejó atrás al actual presidente, Luiz Inácio Lula da Silva, quien obtuvo un 45%. La diferencia fue tan pequeña que los inversores se emocionaron como si hubieran encontrado un billete en un pantalón viejo.

Pero aquí viene la parte más divertida de este circo financiero: toda esta millonada se está apostando a ciegas. Resulta que el señor Bolsonaro todavía no ha presentado un plan detallado para hacer frente al creciente déficit fiscal de Brasil. Es el equivalente a comprarse el coche más caro de la agencia sin siquiera preguntar si tiene motor.

Así que, mientras los brasileños se preparan para votar de nuevo el 25 de octubre, los genios de las finanzas internacionales están con los dedos cruzados. Rezan para que su apuesta multimillonaria, basada en pura fe y aire, no termine siendo el chiste más caro de la historia. A ver si el plan económico no resulta ser un dibujo hecho en una servilleta.

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