El mandamás de la Secretaría de Hacienda, Édgar Amador Zamora, se paró frente al Senado con la confianza de un mago que está a punto de sacar un conejo del sombrero. Su gran truco: conseguir más dinero para el gobierno sin mencionar las palabras prohibidas “reforma fiscal”. La estrategia, según el ilusionista de las finanzas, es tan simple como genial: hacer los trámites tan fáciles que hasta tu tía la que no sabe usar el celular pueda pagar, y al mismo tiempo, soltarle los perros a quienes han hecho de la evasión fiscal un deporte olímpico.
Con el pecho inflado como pavo real, el secretario presumió que en solo dos años han logrado exprimir 776,000 millones de pesos adicionales al sistema, todo sin necesidad de cambiar las reglas del juego. Para 2026, esperan que los ingresos por impuestos lleguen al 15.4% del Producto Interno Bruto. En otras palabras, la alcancía del gobierno se está llenando más rápido, y todo gracias a que ahora revisan con lupa hasta la letra chiquita de los recibos.
Claro que no todo es para aplaudir de pie. México sigue siendo ese alumno del fondo del salón en el club de los países ricos (la OCDE). Mientras el promedio de recaudación de la organización es de un respetable 33.9% del PIB, nosotros apenas llegamos a un penoso 17.7%. Estamos por debajo incluso del promedio de América Latina, lo que demuestra que nuestra habilidad para esconder dinero del fisco es de clase mundial.
Pero el verdadero chiste se cuenta solo al ver quiénes son los campeones de la evasión. Según los datos que soltó el propio Amador, en 2025, casi el 60% de las empresas que tuvieron ganancias se las arreglaron para no pagar ni un centavo de Impuesto Sobre la Renta. Y para rematar, el 90% de las compañías pagaron una tasa efectiva por debajo del 2.5%, menos de lo que dejas de propina por unos tacos.
Así que el plan es simple: tapar los agujeros por donde se fuga el dinero, limitando las deducciones y las pérdidas fiscales que las empresas usaban como pretexto. Con esta maniobra de «ahora sí me pagas porque me pagas», Hacienda calcula que podría embolsarse unos 140,000 millones de pesos adicionales. Porque, seamos honestos, es mucho más fácil sacudir a los que ya tienen dinero que inventarse una reforma fiscal que nadie quiere.



