La Secretaría de Hacienda asegura que cerrará el año con requerimientos financieros del sector público en 4.1 por ciento del producto interno bruto. El titular Édgar Amador Zamora explicó que, aunque el último trimestre suele ser un despilfarro de gasto, todo está controlado. Hasta septiembre ya van 959 mil 100 millones de pesos, equivalentes a 2.6 por ciento del PIB.
El año pasado el déficit llegó a un escandaloso 5.8 por ciento durante el gobierno anterior. Ahora intentaron recortar gasto para llegar a 3.9 por ciento, pero los apoyos a Pemex lo dejaron en 4.8 por ciento. La deuda más amplia ya alcanza 19.55 billones de pesos, es decir, 52.6 por ciento del PIB.
En los primeros nueve meses el gobierno gastó 7.27 billones de pesos, una baja de 0.4 por ciento respecto al año anterior. Además quedó 483 mil millones por debajo de lo programado. Aun así, el gasto en desarrollo social subió 7.4 por ciento real, con aumentos notables en salud y protección social.
El costo financiero de la deuda bajó 3.7 por ciento real anual gracias a la apreciación del peso y a refinanciamientos oportunos. Esto ayudó a que el balance presupuestario no se saliera de madre. Hacienda presume que mantiene las prioridades en bienestar pese a los ajustes.
Al final, todo parece indicar que el déficit se comportará como un adolescente al que le quitaron las llaves del carro: algo más controlado, pero siempre con riesgo de una fiesta sorpresa en diciembre.




