La reciente caída del real tras las elecciones brasileñas encendió la chispa entre los argentinos que arman sus vacaciones de verano. La moneda perdió cerca del ocho por ciento frente al dólar en un solo día y eso generó una ola de consultas hacia las playas del vecino. Sin embargo, el alivio no llega a todos los rubros por igual y muchos empiezan a hacer cuentas con lupa.
Los pasajes y los hoteles se pagan en dólares, así que el golpe cambiario apenas los toca. En cambio, las comidas, las reposeras y las sombrillas en la arena sí podrían abaratarse porque se cobran en reales. La diferencia se nota sobre todo en los gastos diarios, que representan la parte más impredecible del presupuesto y la que más duele cuando uno ya está en la arena con sed.
Los datos de Despegar muestran un repunte claro: Camboriú duplicó sus búsquedas y creció ciento doce por ciento en una semana. Maragogi avanzó ochenta por ciento, Búzios setenta y cinco, Pipa sesenta y ocho y Fortaleza cincuenta y seis. Los paquetes turísticos concentran más de la mitad de la demanda y parecen la opción más segura para quien quiere evitar sorpresas.
Bariloche, mientras tanto, no se queda mirando el partido desde la tribuna. Sus promotores destacan que la ciudad ofrece una propuesta diferente y que el precio no lo es todo cuando se trata de elegir destino. Mendoza, Iguazú y Carlos Paz también reciben consultas, sobre todo de quienes prefieren resolver el viaje a último momento.
Al final, el que viaja con real débil puede ahorrar en la playa pero paga lo mismo por el avión y la habitación. El resto depende de cuántas empanadas y caipiriñas uno esté dispuesto a sumar a la cuenta antes de volver con la piel quemada y la billetera más liviana.




