Saquen sus cuadernos de economía porque el presidente de YPF, Horacio Marín, acaba de reescribir las reglas del juego. En un arranque de sinceridad que podría confundirse con un chiste de mal gusto, anticipó que, aunque el petróleo se desplome a precios de remate, la nafta en los surtidores se mantendrá más firme que político en campaña. Al parecer, la petrolera estatal ha decidido que la ley de oferta y demanda es una sugerencia opcional.
La explicación detrás de esta maravilla financiera es algo llamado «esquema de amortiguación», que funciona de una manera peculiarmente unilateral. Según Marín, como no nos trasladaron *todos* los aumentos en los últimos meses para no rompernos el bolsillo de golpe, ahora les debemos un favor. «Cuando baje el petróleo no vamos a poder bajar los combustibles, porque tenemos que recuperar los meses anteriores», afirmó, dejando claro que su generosidad tiene fecha de vencimiento y un costo asociado.
Para justificar esta lógica digna de un laberinto sin salida, se sacó de la galera el as de Vaca Muerta. El ejecutivo sostuvo que el precio tiene que estar en dólares, específicamente entre 1,27 y 1,30 dólares, porque si no, «nos perdemos Vaca Muerta». Básicamente, nos están diciendo que si no pagamos el combustible a precio de perfume importado, el tesoro nacional energético se tomará el primer avión y no volverá nunca más.
Lo más increíble de todo es que Marín describió esta estrategia como un «acuerdo honesto y ético con nuestros consumidores». Un acuerdo tan honesto como encontrar a tu pareja revisándote el celular y que te diga que es «para proteger la relación». Es un pacto donde una de las partes no sabía que estaba participando y, curiosamente, es la única que siempre paga la cuenta.
Así que, la próxima vez que vaya a la estación de servicio y vea que los precios siguen por las nubes mientras el petróleo internacional se va de picnic, no se enoje. Recuerde que usted es parte de un plan ético para recuperar pérdidas ajenas. No está llenando el tanque, está haciendo una donación forzosa a la estabilidad emocional de una petrolera.



