El dólar se pavonea como gallo de pelea, pero ya se le ven las plumas flojas

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Parece que los genios de las finanzas le han apostado hasta la camisa al dólar estadounidense, inflando sus arcas con la friolera de 43,600 millones de dólares en puras apuestas a su favor. Por cuarta semana consecutiva, los inversionistas han estado metiendo su dinero en el dólar como si no hubiera un mañana, convencidos de que la moneda es más sólida que una promesa de político en campaña. Esta fiebre compradora ha dejado al billete verde luciendo como el tipo más popular de la fiesta, con todos queriendo bailar con él.

Informe El Chapucero

Claro que para que el dólar esté de fiesta, alguien tiene que pagar los platos rotos, y esos son sus compadres, el euro y la libra esterlina. A estas pobres monedas las tienen contra las cuerdas, con los especuladores apostando en su contra a niveles no vistos en una década para el euro y nueve años para la libra. Es el equivalente financiero a patear a alguien cuando ya está en el suelo, una práctica que, por lo visto, en Wall Street deja muy buenas ganancias.

Pero como en toda buena borrachera, la cruda amenaza con llegar sin avisar. La fortaleza del dólar, que parecía a prueba de balas, está empezando a toser y a mostrar señales de agotamiento. Resulta que el nerviosismo en el sector tecnológico y sus juguetitos de inteligencia artificial está asustando a la gente, que ahora prefiere guardar su dinero en los bonos del Tesoro, el equivalente a meter los ahorros debajo del colchón de la abuela.

Como era de esperarse, los sabelotodos de traje y corbata no se ponen de acuerdo. Unos analistas creen que cualquier bajón del dólar será tan superficial como un charco en verano, sobre todo porque la Reserva Federal (la Fed) podría volver a subir las tasas de interés. Otros, en cambio, ven que el billete verde ya está muy sobrevalorado y que se avecina una corrección, como cuando te das cuenta de que pagaste demasiado por unos aguacates.

El verdadero miedo es que si las grandes empresas de tecnología se tambalean, la riqueza de los hogares se vea afectada, y la gente deje de comprar televisores gigantes y freidoras de aire. Si el consumo se debilita, la economía estadounidense podría enfriarse más rápido que una cerveza en el congelador. Esto, a su vez, le quitaría el superpoder al dólar, demostrando que ni el dinero es inmune a un buen susto.

Así que el escenario está puesto para el drama. Todos los ojos están puestos en la próxima reunión de la Reserva Federal el 28 de octubre, que será como el capítulo final de una telenovela de bajo presupuesto. Mientras tanto, el mundo financiero contiene la respiración, esperando ver si el dólar sigue siendo el abusón del patio o si termina con un ojo morado cortesía de los nerds de la tecnología.

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