¡Atención, paren las rotativas! En un giro de eventos que ha dejado al mundo conteniendo la respiración, el dólar en Colombia decidió empezar la semana con un bostezo monumental. La divisa se despertó marcando unos $3.178,9, prácticamente pegado a la TRM oficial, como si se hubiera quedado dormido sobre el teclado. Su gran hazaña del día fue subir la asombrosa cantidad de $4,21, una suma con la que probablemente no te alcanza ni para el chicle que se te cayó debajo del sofá.
Claro que tanto esfuerzo tenía que pasar factura. Después de su arranque heroico, al dólar le dio el bajón y a la media hora ya se había arrepentido, cayendo a un promedio de $3.160,08. Es el equivalente financiero a levantarse para ir al baño y decidir que mejor te quedas a vivir en el sofá. Este desplome de casi quince pesos demuestra que la ambición de la divisa duró menos que un propósito de año nuevo en febrero.
Esta calma chicha contrasta con el drama de semanas anteriores, donde el billete verde andaba más bipolar que adolescente en concierto. Solo en octubre, el pobre ha perdido un 5,11% de su valor, y en lo que va del año acumula una caída del 15,61%, como si estuviera en una dieta estricta a base de agua y lechuga. Parece que sus días de gloria están más olvidados que el Tamagotchi que dejaste morir en los noventa.
Los sabihondos de corbata, como el estratega Mauricio Acevedo, describen esto con el término rimbombante de «movimiento lateral». En español de a pie, significa que el dólar se está moviendo de lado como un cangrejo indeciso en la playa, sin atreverse a ir ni para adelante ni para atrás. Tiene sus «soportes» para no caerse de borracho al piso de los $3.150 y sus «resistencias» para no darse un cabezazo contra el techo de los $3.200.
Mientras tanto, todo el mundo está pendiente de lo que digan los mandamases de la Reserva Federal y el Fondo Monetario Internacional. Estas entidades son como esos suegros que vienen de visita y opinan de todo, y de sus decisiones dependerá si el dólar se anima a correr una maratón o si prefiere pedir otra cerveza y seguir viendo la telenovela económica desde el sillón.
Para el ciudadano común y corriente que necesita cambiar sus ahorros, la cosa es un circo aparte. En las casas de cambio, la realidad es otra, con Cúcuta pagando más por tus dolaritos y Medellín vendiéndolos más baratos. Al final, el dólar sigue ahí, en su hamaca, esperando a que alguien más le diga qué hacer con su vida, demostrando que la procrastinación también puede ser una estrategia macroeconómica.



