Agárrense los cinturones, porque la economía estadounidense está más rara que un político honesto. Resulta que la semana pasada, el número de gringos pidiendo ayuda por desempleo bajó otra vez, llegando a unas ridículas 197,000 solicitudes. Los economistas, que al parecer usan una bola de cristal para sus predicciones, esperaban 200,000, así que fallaron por poquito. Esto significa que casi nadie está perdiendo su chamba, lo cual suena genial hasta que te das cuenta de que tampoco nadie está contratando.
El mercado laboral gringo se aferra a sus empleados con más fuerza que tu tía a los chismes del vecindario. Las solicitudes de desempleo llevan cuatro semanas coqueteando con sus niveles más bajos en 57 años, una cifra que suena a prehistoria. Según el Departamento de Trabajo, los despidos están tan pasados de moda que pronto los veremos en un museo junto a los dinosaurios y los teléfonos de disco.
La media móvil de las últimas cuatro semanas, que es como el chismógrafo oficial de las tendencias laborales, también cayó a 198,000. Este es su nivel más bajo desde octubre del 2022, demostrando una estabilidad que ya quisieran muchas relaciones de pareja. Los únicos rebeldes del sistema fueron California e Illinois, que tuvieron la osadía de registrar un aumento en las solicitudes, seguramente porque ahí la gente se aburre más rápido de sus jefes.
Pero aquí viene la parte tragicómica de la historia. Las empresas, con las bolsas llenas gracias a las buenas utilidades, están cuidando a sus trabajadores como si fueran el último aguacate del supermercado. Sin embargo, a la hora de ampliar la plantilla, se ponen más nerviosos que un gato en una bañera. Si pierdes tu empleo, encontrar otro se convierte en una odisea digna de una película de ciencia ficción con bajo presupuesto.
¿Y a qué le echan la culpa los genios de la economía por este pánico a contratar? Pues a la incertidumbre, esa palabra mágica que sirve para todo. Primero eran los aranceles y ahora la telenovela internacional entre Estados Unidos, Israel e Irán. Así que ya saben, si tienen trabajo, no lo suelten ni para ir al baño; y si no tienen, prepárense para una búsqueda laboral más larga que discurso de político en campaña.



