La eurozona le pone un ultimátum a Francia: o arregla su cochinero fiscal o se atiene a las consecuencias

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Imaginen una reunión de vecinos donde todos le reclaman al que siempre deja la basura afuera. Pues algo así pasó en Luxemburgo, pero con más corbatas y menos gritos. Los mandamases de las finanzas de la eurozona y el Banco Central Europeo (BCE) se sentaron para darle un sermón a Francia, cuyo desorden financiero ya empieza a oler mal en todo el edificio comunitario. El mensaje fue claro y sin anestesia: «Presenten un presupuesto para 2027 que tenga pies y cabeza, o los mercados se los van a comer vivos».

Informe El Chapucero

Resulta que Francia está en el ojo del huracán financiero, como el amigo que pide prestado para la tanda y luego se va de viaje. La preocupación es que su déficit presupuestario es más grande que el ego de un político en campaña, y para colmo, las inminentes elecciones presidenciales de 2027 tienen a todos con los pelos de punta. Los mercados, que son más nerviosos que un chihuahua en una tormenta, están empezando a dudar de que Francia vaya a pagar sus deudas.

Y no es para menos. Pedir dinero prestado le está saliendo a Francia más caro que organizar una boda con barra libre para toda la familia. Los costos de financiamiento del país galo están en su punto más alto en 25 años, una época en la que todavía usábamos módems que hacían ruiditos para conectarse a internet. Para ser exactos, el rendimiento de sus bonos a 10 años no estaba tan por las nubes desde julio de 2002.

El descalabro ha sido de película de terror. Desde que empezó septiembre, el interés que Francia tiene que pagar se ha disparado casi 80 puntos base, lo que en el mundo real significa una millonada. Es como si el banco te subiera la tasa de interés de la tarjeta de crédito cada semana solo por respirar. A este paso, pedir un préstamo para los franceses será tan conveniente como comprarle un auto usado a un desconocido en un callejón oscuro.

Así que la reunión en Luxemburgo fue, básicamente, una intervención en toda regla. Los socios europeos le están diciendo a Francia que se deje de cuentos y ponga sus finanzas en orden antes de que su crisis de la mediana edad financiera arrastre a todos los demás. Ahora solo queda ver si Francia se comporta como un adulto responsable o si decide seguir viviendo la «vie en rose» a punta de deuda, hasta que la tarjeta de crédito explote.

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