En un giro de guion más predecible que el final de una telenovela, la Unión Europea ha decidido que Panamá y Vietnam ya no son los malos de la película fiscal. Tras una solemne reunión de señores con corbata en Luxemburgo, les dieron una palmadita en la espalda y los sacaron de la «lista negra», ese rincón oscuro donde mandan a los países que son demasiado obvios escondiendo el dinero.
Al parecer, ambos países hicieron sus deberes, o al menos aprendieron a copiar sin que el profesor se diera cuenta. La UE, en un comunicado que derrocha optimismo, celebró la «tendencia positiva», que en lenguaje de la calle significa «han prometido no dejar los recibos de los yates a la vista». Recordemos que Panamá, el país que le dio nombre al escándalo más grande de evasión fiscal desde que Al Capone dijo que solo vendía muebles, estaba en el banquillo de los acusados desde 2020. ¡Qué rápida rehabilitación! Casi parece un curso de fin de semana.
Pero no se preocupen, el club de los paraísos fiscales no se queda vacío. Aún quedan ocho socios VIP, una pandilla que parece sacada de un casting para ‘Piratas del Caribe’: un montón de islitas exóticas con nombres de cóctel y… ¡Rusia! Sí, Rusia. Porque cuando piensas en transparencia fiscal, obviamente piensas en el Kremlin. Es como invitar a un tiburón a una reunión de nadadores anónimos para que dé consejos sobre seguridad en el agua.
Así que ya saben, la próxima vez que la UE actualice su lista, no se sorprendan si el requisito para salir es simplemente enviar una postal y jurar por la garrita que no lo volverán a hacer. Mientras tanto, las grandes fortunas y las multinacionales duermen más tranquilas que un bebé en brazos, sabiendo que la «buena gobernanza» es tan flexible como la moral de un político en campaña.



