La ciudad de Houston decidió que sus agentes solo avisen a inmigración cuando alguien cometa un delito de verdad y termine entre rejas, no por un control rutinario de tráfico. Todo esto llegó justo después de que los demócratas arrasaran en las elecciones y dejaran a Greg Abbott con la cara de quien perdió la lotería frente a su suegra.
El alcalde John Whitmire soltó que la idea es bajar el miedo en las colonias, como cuando uno esconde la cerveza antes de que lleguen los suegros. Antes Abbott había amenazado con quitarle ciento diez millones de dólares en apoyos si no se alineaban con las ganas de Trump de deportar hasta al que vende elotes. Houston tragó saliva y obedeció, porque los presupuestos no se aprueban con discursos de tribuna.
Ahora, con Abbott fuera y Gina Hinojosa a punto de ser la primera gobernadora latina, el alcalde se lanzó a cambiar las reglas otra vez. Sabe que quedan dos meses de administración republicana y que inmigración ya está echando chispas. En su cuenta de la red social equis, el organismo soltó que ver pornografía infantil o vender heroína no son delitos violentos, acusando al alcalde de proteger a los peores criminales del país.
Texas sigue liderando en arrestos de inmigración y en camas ocupadas en centros de detención, como si fuera el campeón nacional de algo que nadie quiere ganar. Mientras tanto, un mexicano de cincuenta y dos años murió baleado en una operación donde ni siquiera era el objetivo, y otro fue atropellado por un agente cuya versión contradicen las cámaras. Un gran jurado ya imputó al segundo por agresión agravada.
En resumen, Houston apuesta a que menos colaboración signifique menos dramas, aunque inmigración responda con tuits que parecen guiones de telenovela de villanos. El alcalde acepta el riesgo porque, como dijo, fácil es criticar cuando uno no tiene que firmar el cheque de la ciudad.



