La victoria demócrata en las elecciones legislativas de Estados Unidos provocó un cierre catastrófico en Wall Street, con las acciones tecnológicas liderando las ventas masivas. Los inversionistas temieron de inmediato una regulación más estricta sobre los centros de datos y las inversiones en inteligencia artificial. El golpe se sintió con especial fuerza en las compañías de semiconductores y memorias.
Nvidia perdió más del nueve por ciento, mientras que Tesla, Microsoft y Broadcom también arrastraron al Nasdaq 100 hacia abajo. Las mayores caídas porcentuales golpearon a las empresas de chips y almacenamiento, que dependen del crecimiento explosivo de la infraestructura para inteligencia artificial. El mercado reaccionó como si le hubieran quitado el juguete favorito a un niño consentido.
Sandisk encabezó la lista de desastres con un desplome superior al veintidós por ciento, seguida de Astera Labs y Lumentum, que cayeron más del dieciocho por ciento. AMD y Micron tampoco escaparon de la masacre bursátil. Las pérdidas se extendieron por toda la cadena de suministro tecnológico como una gripe mal llevada.
El analista Fawad Razaqzada señaló que los inversionistas ya descuentan un mayor escrutinio sobre las grandes tecnológicas y sus planes de inteligencia artificial. Por su parte, Bautista Aboy recordó que Texas concentra cerca del treinta por ciento de la nueva capacidad de centros de datos prevista para dos mil veintiocho. Cualquier retraso regulatorio podría alterar los plazos de toda la industria.
Los inversionistas ahora especulan con que las restricciones estatales frenen proyectos que consumen enormes cantidades de electricidad y procesamiento. Nadie sabe todavía si esto será solo un tropiezo temporal o el comienzo de un dolor de cabeza más largo para el sector. Lo único claro es que, por ahora, la euforia por la inteligencia artificial recibió un golpe directo en la cartera.



