Peña promete salvar los ahorros del Ueno Bank con cambios en el banco central

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Santiago Peña apareció en pantalla como el salvador de una telenovela que ya nadie aguanta, prometiendo que los paraguayos no perderán hasta el último guaraní mientras la oposición ya saca la soga para el juicio político. El mandatario habló de prioridad absoluta y de respuestas rápidas, como si estuviera vendiendo aspiradoras en la televisión de medianoche.

Como primer golpe de efecto, mandó al Congreso los nombres de Raúl Vera Bogado, Pedro Acosta y Edsel González para tomar el timón del Banco Central. Según Peña, estos tres tienen experiencia en crisis bancarias; según el resto del país, al menos no dirigieron la financiera que se derrumbó como un castillo de naipes mojados. El anterior presidente, Carlos Carvallo, ya había anunciado su salida pero se quedó de plantón “para que todo salga bien”, frase que en Paraguay suele significar “voy a mirar desde la puerta por si me salpica”.

Para calmar a los 32.000 jubilados que vieron congelados sus fondos del IPS, el gobierno apura una ley de emergencia que, según promete, devolverá el dinero al 98 % de los depositantes desde esta misma semana. El Fondo de Garantía solo cubre hasta 75 salarios mínimos; el resto depende de un “balance de exclusión” que suena más a excusa que a plan. Mientras tanto, la ANDE, Itaipú y miles de ahorristas privados siguen mirando el teléfono como quien espera que le devuelvan la plata prestada para el asado.

La oposición, por supuesto, ya redacta el borrador del juicio político y cuenta votos en la Cámara de Diputados como si estuviera repartiendo facturas en una reunión de consorcio. Rafael Filizzola asegura que el Banco Central “cae por su propio peso”, y el diputado Raúl Benítez sentenció sin rodeos que Peña “tiene que irse preso”, frase que en el Congreso suena tan natural como pedir más chipa.

Antes incluso de que Peña terminara de hablar, la policía ya había detenido a los ocho directivos del Ueno Bank, incluido el CEO Miguel Vázquez y el presidente Juan Manuel Gustale. El último en entregarse fue Miguel Ángel Almada Frutos, que apareció en un condominio de Altos como si estuviera jugando al escondite con la justicia. La causa habla de lesión de confianza y estafa, y el expediente ya tiene casi dos mil fojas que el fiscal hojea como si fuera el guion de una comedia negra.

Peña cerró su mensaje pidiendo unidad y serenidad, recordando a todos los sectores que antepongan el interés de los ahorristas. Palabras bonitas que, en el Paraguay actual, suenan tan creíbles como prometer que el próximo asado lo paga el banco.

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