Ecuador reparte bonos de 964 dólares para casas mojadas por el Niño, pero con trámites que duran más que una novela

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El Gobierno anunció un bono máximo de 964 dólares para arreglar viviendas destrozadas por las lluvias de El Niño, mientras el país cuenta once muertos, casi 49.000 personas empapadas y más de 11.400 casas convertidas en piscinas públicas sin entrada. La idea suena generosa hasta que uno descubre que el presupuesto inicial apenas da para pagar unos cuantos techos antes de que vuelva a llover.

La medida salió del Comité de Operaciones de Emergencia reunido en Samborondón, donde el ministro de Infraestructura y la secretaria de Riesgos revisaron el desastre como quien mira el parte meteorológico en la televisión mientras toma café frío. Hasta ahora nadie sabe exactamente quién podrá cobrar, cómo se evaluarán los daños ni cuándo llegará el dinero. Solo se sabe que habrá que firmar convenios, pasar inspecciones y demostrar que el billete se gastó en ladrillos y no en cervezas.

El bono equivale a dos salarios básicos del 2026, pero no todos recibirán el monto completo. Dependerá de una evaluación técnica que, según prometen, saldrá en siete días. Mientras tanto, las inundaciones ya afectaron 159 cantones y 437 parroquias, con 1.086 eventos adversos que van desde deslizamientos hasta vendavales que se llevaron techos como si fueran servilletas en un restaurante barato.

Con 8,5 millones de dólares apenas se podrían pagar unos 8.800 bonos completos, una cifra menor al número de casas dañadas. Las autoridades aclaran que no todos los afectados recibirán ayuda y que habrá controles para evitar que el dinero termine en otra cosa. Curiosamente, existe otro bono de contingencia de 304 dólares para necesidades inmediatas, pero nadie ha explicado todavía si una misma familia puede cobrar los dos sin que el Estado se desmaye.

Mientras tanto, en Guayaquil habilitaron once alojamientos temporales y pidieron que se limpien alcantarillas antes de que la próxima tormenta convierta las calles en ríos navegables. El Niño sigue pasando factura y el gobierno responde con formularios, plazos y la promesa de que, algún día, alguien recibirá el dinero antes de que la casa se convierta en recuerdo.

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