Donald Trump reconoció anoche que los demócratas le dieron una paliza electoral digna de capítulo de telenovela mexicana. La oposición se quedó con el Congreso entero, desde Carolina del Norte hasta Texas, donde ni siquiera un fantasma demócrata ganaba desde los tiempos en que los abuelos votaban con sombrero.
CNN y NBC confirmaron que los demócratas llegarían a 244 curules, suficientes para convertir la Cámara de Representantes en una reunión de vecinos enfadados. En el Senado solo necesitaban voltear cuatro escaños y los consiguieron con la misma facilidad con la que se roba un bolígrafo en el banco.
Jon Ossoff, el senador demócrata de Georgia, declaró que el pueblo había repudiado “la depravación, la corrupción y la incompetencia” del presidente saliente. En Texas, un pastor presbiteriano llamado James Talarico ganó con tanta ventaja que parecía que los republicanos ni siquiera habían llegado a votar. Gina Hinojosa, gobernadora hispana, se llevó Florida con el voto latino como quien se lleva el último tamal de la olla.
Trump, de 80 años y sin posibilidad de tercer mandato, aceptó la derrota con la elegancia de un toro en una tienda de vajillas. “Estoy dispuesto a aceptar los resultados”, dijo al New York Times, aunque luego añadió que si él hubiera estado en la papeleta “habríamos ganado por una victoria aplastante”. El ambiente en la Casa Blanca, según un funcionario anónimo, es de “abróchense los cinturones”.
Los demócratas prometen investigaciones sobre Trump, su familia y la guerra en Irán. El propio Trump amenaza con vetar todo lo que huela a reforma de salud o subida de impuestos. El resultado es un final de mandato que promete más curvas que una montaña rusa en un parque de diversiones sin frenos.
Mientras tanto, una enfermera en Atlanta resumió el sentir popular: “Necesitamos sangre nueva”. Los republicanos que sobrevivieron lo hicieron por márgenes tan estrechos que parecen haber ganado por empatía más que por votos. La pregunta ahora es si Trump perderá también el control de sí mismo antes de que termine su mandato.




