El legendario delantero Carlos Hermosillo decidió romper el silencio sobre su paso por Chivas y destapó una historia que parece sacada de un chiste viejo de cantina. El máximo goleador mexicano de su época contó que la directiva de la Promotora Deportiva Guadalajara, encabezada por Salvador Martínez Garza, nunca terminó de pagarle su contrato y lo dejó con un hueco en la bolsa que aún recuerda con ironía.
Según el propio Hermosillo, la falta de depósitos salariales fue el verdadero golpe que mandó al Rebaño al suelo en 2001, justo antes de que Jorge Vergara comprara el club. El equipo había arrancado como candidato con el técnico argentino Oscar Ruggeri, pero de pronto se desplomó como tamal sin hoja. En una reunión de emergencia, el “Grandote de Cerro Azul” les soltó la verdad: los entrenamientos eran pesados para alguien de 37 años y, sobre todo, nadie cobraba. Uno de los hijos de Martínez Garza, siempre con su moñito, escuchaba sin poder contestar.
Hermosillo recordó que el estrés de preguntarse si le pagarían le quitaba concentración para jugar. Años después, cuando se encuentra con aquellos directivos en hoteles, ellos se meten a las camionetas como si fueran testigos protegidos. El exjugador de Cruz Azul y América señaló que el respeto laboral debe ser de ida y vuelta, porque los futbolistas cumplen y los directivos también deberían hacerlo. La anécdota deja claro que hasta las estrellas más grandes sufrieron los manejos turbios de una época en la que el fútbol mexicano parecía más un casino que un negocio serio.
El saldo pendiente quedó como recuerdo de una administración que prefirió esconderse antes que saldar cuentas.




