Los militares multinacionales de la OTAN montaron en Letonia un circo logístico digno de un sketch de los Monty Python, pero sin el acento británico y con más barro. Bajo el nombre pomposo de Resolute Reforger 2026, tres mil soldados y mil vehículos se pasearon por pueblos del este letón para demostrar que pueden llevar combustible, raciones y agua a tropas que se han perdido a mitad de camino, como quien va a la ferretería y regresa tres días después.
El ejercicio revive el viejo nombre de la Guerra Fría, pero ahora el reto no es parar a los rusos sino evitar que los propios camiones se queden tirados como un Seat Panda en la autopista. El comandante logístico, un tal Pierre que prefiere el anonimato, explicó que el problema principal es la distancia: tres ejes distintos, puntos de abastecimiento improvisados y la necesidad de que todo funcione incluso entre civiles que solo quieren que les dejen pasar el tractor.
El coronel canadiense al mando presumió de que la brigada ya está lista para defender el Báltico sin necesidad de que nadie la llame por teléfono. Catorce países aportan personal, Canadá pone dos mil soldados y el resto llega con ganas de practicar cómo no morir de sed antes de llegar al frente. El año pasado el ejercicio se llamó Resolute Warrior; este año parece más bien Resolute Repostador.
Mientras tanto, Letonia sigue recibiendo drones extraviados que explotan en depósitos vacíos y ministros que dimiten por no haberlos derribado. Moscú insinúa que los bálticos dejan pasar los aparatos; los bálticos responden que prefieren que los drones se pierdan antes que los tanques de la OTAN. En resumen, todos practican para una crisis que esperan que nunca llegue, pero por si acaso ya tienen los surtidores de gasolina listos.




