El intercambio formal entre Venezuela y Colombia llegó a 873 millones de dólares entre enero y agosto de 2026, un aumento del 15 por ciento respecto al año anterior. Sin embargo, casi todo el dinero se va en una sola dirección. Colombia vende y Venezuela compra, como siempre.
Las importaciones venezolanas de productos colombianos alcanzaron 803 millones de dólares, mientras las exportaciones apenas sumaron 69 millones. El saldo negativo para Venezuela rondó los 734 millones. Es como prestarle el carro al vecino y que él te cobre la gasolina.
Las compras se concentraron en plásticos, combustibles, cosméticos, azúcares y hierro. Del lado venezolano, lo que se vende sigue siendo fundición de hierro, productos químicos y abonos de bajo valor. Nada que haga saltar de alegría a nadie en las aduanas.
El paso fronterizo de Paraguachón-Guarero movió 461 millones de dólares, un salto del 62 por ciento. El de Táchira creció mucho menos. La logística colombiana sigue ganando por goleada gracias a la cercanía y los camiones que no se rompen cada dos kilómetros.
Cavecol señala que las empresas venezolanas enfrentan impuestos altos, falta de crédito y problemas de infraestructura. Aun así, inversionistas colombianos miran con interés el mercado local, siempre que haya más seguridad jurídica y menos sustos regulatorios.
Al final, el comercio bilateral avanza, pero Venezuela sigue dependiendo del vecino para abastecerse mientras su capacidad exportadora se queda atascada en la aduana. Un matrimonio económico donde uno pone la casa y el otro solo trae las cervezas.




