La ex presidenta argentina soltó que podría candidatearse en 2027 siempre que le devuelvan sus derechos políticos, una condición que suena a esas reglas de juego que uno pone cuando ya perdió hasta el dado. Todo depende de que el Comité de Derechos Humanos de Naciones Unidas revise su condena por la causa Vialidad, donde recibió seis años de prisión que cumple en arresto domiciliario. La jugada judicial parece más un plan de escape que una defensa.
En la entrevista dejó claro que si hubiera robado dinero andaría libre porque habría comprado al sistema judicial argentino, al que califica de corrupto sin rodeos. La frase tiene el tono de quien apuesta a que el árbitro está comprado antes de que empiece el partido. Mientras tanto sigue inhabilitada y sin poder presentarse a nada que huela a cargo público.
También apuntó contra la economía actual y dijo que muchos argentinos siguen frustrados porque su plata no alcanza hasta fin de mes y el gobierno los ataca en lugar de ayudarlos. La observación llega justo cuando el malestar que ayudó a subir a Milei parece mutar en enojo más silencioso. No es que falten quejas, es que ahora suenan más a suspiro largo que a marcha.
Sobre su propia situación personal afirmó que no tiene derecho a deprimirse porque sabe por qué está ahí: por lo que representa y por no haber bajado la cabeza ante los poderes de turno. La explicación suena a discurso de superhéroe que se quedó sin capa y con tobillera electrónica. El exilio de la actividad presencial lo lleva con la misma dignidad que quien no puede ir a la cancha pero igual grita los goles desde la tele.
Por último pronosticó que Trump y los republicanos perderán las elecciones de medio término en Estados Unidos, porque el tipo que ayudó a ganar a las derechas en la región terminará tropezando en su propia casa. La predicción tiene el optimismo de quien apuesta a que el vecino se cae del balcón mientras uno mira desde la vereda de enfrente.




