Los fabricantes chinos de autos celebran sus exportaciones mientras el mercado local se queda en pañales

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BYD, el gigante chino de los vehículos eléctricos, logró subir sus ventas por sexto mes seguido gracias a que las exportaciones se duplicaron, aunque las entregas dentro del país bajaron. La empresa registró un aumento del once por ciento en octubre, pero los inversores no están del todo convencidos porque la compañía falló en sus ganancias previstas. Algo parecido pasó con Chery, cuyo crecimiento en ventas llegó al cinco por ciento impulsado por un salto del sesenta por ciento en exportaciones.

Las acciones de ambas firmas subieron en la bolsa de Hong Kong, como si los compradores extranjeros fueran la tabla de salvación de un mercado interno que parece más seco que el desierto de Gobi. Geely también sacó pecho al duplicar sus ventas en el extranjero, lo que le permitió un leve aumento del uno por ciento en total. Mientras tanto, marcas como Xiaomi y Xpeng superaron las cincuenta mil unidades vendidas al mes, y Leapmotor entregó más de cien mil vehículos por cuarto mes consecutivo.

El panorama no es igual para todos. Seres vio caer sus ventas a la mitad y Li Auto perdió un nueve por ciento en entregas mensuales, como si les hubieran quitado el tanque de gasolina en plena carrera. Estos números muestran que la demanda interna sigue floja y que solo el extranjero mantiene el motor encendido. Los analistas ya advierten que el crecimiento de las exportaciones no basta para tapar los huecos en los resultados trimestrales.

En la calle, los conductores chinos parecen más interesados en guardar el dinero que en cambiar de auto nuevo. Las exportaciones se convirtieron en el salvavidas que evita que las fábricas se queden varadas, aunque nadie sabe cuánto tiempo durará esa cuerda. Los inversores aplaudieron los datos en Hong Kong, pero con la misma cara de sospecha que pone quien recibe un regalo demasiado bueno para ser cierto.

Al final, la fiesta de las ventas chinas depende de que el mundo siga comprando autos como si fueran empanadas calientes, mientras el mercado local sigue en huelga de brazos cruzados. Si las exportaciones se enfrían, el cuento de las ganancias podría terminar como un final de telenovela mexicana: dramático y sin happy ending.

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