La experta Luz María de la Mora de la UNCTAD soltó en Doha que la región no tiene que escoger entre Washington y Pekín como si fueran dos pretendientes celosos. El truco está en diversificar y encontrar dónde brillar con ventaja competitiva frente a cada mercado. Ambas potencias siguen siendo socios clave, uno para México y Centroamérica, el otro para varios países sudamericanos.
Aunque compiten en tecnología y poder, Estados Unidos y China siguen produciendo juntos como pareja que discute pero no se separa. De la Mora insistió en que esa complementariedad sigue viva y conviene aprovecharla sin dramas ideológicos. El mensaje es práctico: sacar provecho de los dos sin jurar lealtad eterna a ninguno.
La reorganización de cadenas de suministro llega justo cuando la digitalización y la energía limpia aumentan la sed de recursos naturales. El cobre y el litio aparecen como estrellas para integrarse en etapas más allá de la mera extracción. La idea es refinar, transformar y ofrecer servicios en vez de vender solo la materia prima.
Especializarse suena más sensato que intentar fabricar todo como si Latinoamérica fuera una isla autosuficiente. Chile ya mueve servicios mineros alrededor del cobre y Perú exporta productos frescos a Europa y Asia. No se trata de copiar modelos completos sino de meterse en segmentos donde ya hay experiencia.
Las políticas públicas deben alinear comercio, infraestructura y aduanas que dejen de ser obstáculos y pasen a ser aliadas. Los servicios de telecomunicaciones, logística y finanzas también entran en la jugada para sostener las cadenas de valor. Al final, la diversificación busca que el comercio mejore la vida real y no solo las estadísticas.




