Pemex pierde miles de millones pero presume de haber mejorado

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Pemex cerró el tercer trimestre de 2026 con una pérdida de diez mil ochocientos millones de pesos, equivalente a seiscientos cinco millones de dólares, a pesar de que el petróleo estaba caro por las guerras. La empresa estatal logró reducir esos números rojos en un ochenta y dos por ciento respecto al mismo periodo del año anterior, lo que según ellos es motivo de fiesta. Sin embargo, la deuda sigue rondando los setenta y siete mil seiscientos millones de dólares, una cifra que sigue dando dolor de cabeza a cualquiera que intente hacer cuentas.

El gobierno de Claudia Sheinbaum ya había soltado cincuenta mil millones de dólares en 2025 para que Pemex pudiera pagar sus deudas por su cuenta en 2027, pero Hacienda volvió a meter la mano al presupuesto aunque con menos entusiasmo. Los ingresos subieron un veintiocho por ciento hasta veintisiete mil doscientos ochenta y cuatro millones de dólares gracias a más ventas de combustibles, mientras que los costos aumentaron un catorce por ciento por mayores compras y depreciaciones. El resultado es que la empresa sigue perdiendo, pero menos que antes, como quien celebra no haber chocado tan fuerte esta vez.

La producción de petróleo bajó ligeramente a un millón seiscientos cuarenta mil barriles diarios, uno de los niveles más bajos en cuatro décadas, mientras que el gas natural subió un ocho por ciento. El proceso de crudo en las refinerías aumentó casi un catorce por ciento, lo que según el director Juan Carlos Carpio cobra relevancia en medio de la volatilidad internacional. Las guerras entre Rusia y Ucrania, más el conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán, siguen afectando los precios y las rutas de suministro.

La deuda financiera se redujo casi un nueve por ciento respecto al cierre de 2025, y el costo de la misma registró un resultado positivo de mil cuatrocientos setenta y seis millones de dólares. Aun así, los impuestos, los derechos y la pérdida cambiaria por la depreciación del peso siguen mordiendo parte de las ganancias. Pemex sigue dependiendo de apoyos oficiales para no hundirse del todo.

Al final, la petrolera estatal parece un familiar que presume de haber bajado de peso aunque sigue debiendo hasta el aire que respira. Entre rescates millonarios y cifras que suben y bajan como montaña rusa, el panorama sigue siendo el mismo: mucho ruido, algo de mejora y la certeza de que el próximo trimestre traerá otra sorpresa.

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