El Gran Premio de México arranca entre nubes, herramientas y pilotos que miden el aire

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El viernes en el Autódromo Hermanos Rodríguez comienza con el clásico desfile de mecánicos, ingenieros y periodistas que parecen competir por quién llega primero al café. Mientras las nubes cubren la pista, los equipos revisan sus monoplazas como si buscaran el secreto de la velocidad en medio de la altura que ya se siente en las piernas.

Oliver Bearman llega al paddock con la vista puesta en los más de dos mil metros sobre el nivel del mar. El británico señala que esa condición obliga a ajustar motor, aerodinámica y enfriamiento, porque el aire escasea y los autos responden distinto. Las prácticas libres uno y dos servirán para probar configuraciones, medir el desgaste de neumáticos y encontrar ritmo en un trazado que mezcla rectas rápidas, frenadas fuertes y la sección del estadio. El cielo nublado mantiene la temperatura estable, aunque los equipos saben que cualquier cambio puede alterar los datos.

La afición comienza a llenar las zonas cercanas mientras el ruido de las herramientas resuena en los garages. Los pilotos dejan atrás las conferencias de prensa y se concentran en reuniones con sus ingenieros para definir los primeros ajustes. La altura obliga a modificar planes entre una sesión y otra, y la información que se obtenga hoy marcará la diferencia para el resto del fin de semana.

Al final, todo se reduce a ver quién adapta mejor su auto a la falta de oxígeno sin perder la cabeza en el proceso.

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