Según el banco alemán, el dólar ya no funciona como ese colchón viejo que todos guardan bajo la cama cuando las cosas se ponen feas. Los riesgos ahora van en dos direcciones y nadie sabe hacia dónde apuntan primero. Los inversores extranjeros financian todo el déficit estadounidense con acciones que apenas compraron nuevas.
El noventa por ciento de esos veinte billones de dólares en manos foráneas viene de pura subida de precios, no de billetes frescos. Cuando las acciones tecnológicas caen, el dólar cae con ellas en vez de subir como solía. Esa correlación invertida convierte cualquier tropiezo en una doble bofetada para quien invierte desde fuera.
Los analistas del banco explican que la cobertura cambiaria ya no protege como antes. Antes las acciones subían y el dólar bajaba, un matrimonio casi perfecto. Ahora, si la crisis nace en Estados Unidos, ambos bajan juntos y empeoran las pérdidas de los extranjeros.
Si además bajan los rendimientos reales y las acciones al mismo tiempo, la señal será clara. Eso significaría que las expectativas de gasto en inteligencia artificial se están enfriando. El informe lo resume con una frase directa: el dólar de la inteligencia artificial ya está aquí.
En resumen, el refugio tradicional se parece más a una casa de papel que a una fortaleza. Nadie sabe si la próxima corrección será leve o un terremoto, pero el banco alemán recomienda no apostar todo a que el dólar salvará la fiesta.




