Durante su mañanera del 31 de enero de 2023, Andrés Manuel López Obrador soltó que Cuauhtémoc Cárdenas era su adversario político por andar cerca de Mexicolectivo, un grupo de críticos que armó una plataforma llamada Punto de Partida. La frase sonó fuerte porque ambos construyeron la izquierda mexicana, pero el presidente aclaró que lo estimaba y respetaba como precursor del movimiento.
La reacción de los medios fue de telenovela: de pronto todos vieron una ruptura épica entre dos figuras históricas. López Obrador ubicó a Mexicolectivo en el ala moderada del bloque conservador y recordó que el país vivía un momento de definiciones donde no hay punto medio entre apoyar al pueblo o a la oligarquía. El asunto parecía una guerra de titanes, aunque en realidad solo era una diferencia de ruta política.
Al día siguiente Cárdenas aclaró que ya se había salido del proyecto por razones propias y el presidente celebró la carta con gusto, insistiendo en que el respeto histórico permanecía intacto. El 6 de febrero volvió a precisar que decir adversario no es decir enemigo y que la relación personal seguía en su lugar. La secuencia mostró que el escándalo se infló más por interpretaciones ajenas que por una pelea real entre ambos.
Al final, el episodio quedó como una de esas tormentas en vaso de agua que los comentaristas adoran exagerar mientras el país sigue avanzando con definiciones claras. López Obrador mantuvo su postura sin romper puentes personales y demostró que la política puede tener distancias sin necesidad de dramas eternos.




