El Instituto Nacional Electoral vive días de sillas vacías y declaraciones que suenan a telenovela de oficina. Tras la salida de Guadalupe Taddei, ya suman quince funcionarios que prefirieron marcharse antes que quedarse a ver qué pasaba. La presidenta interina Blanca Cruz García confirmó que todo ocurrió en cuestión de horas, como si alguien hubiera gritado “¡se acabó el café!” y medio edificio decidiera tomar la puerta.
Entre los nombres que circulan aparece Carlos Daniel Luna Rosas, exjefe de oficina de Taddei, señalado por cercanía con Morena durante un discurso del priista Carlos Mancilla. La propia Taddei tiene parientes en la administración de Alfonso Durazo en Sonora, dato que los críticos repiten como si fuera prueba de un complot cafetero. Cruz García explicó que cada salida se revisa con el Órgano Interno de Control para decidir si procede la liquidación, procedimiento que suena más burocrático que dramático.
El resto de la plantilla sigue trabajando mientras los micrófonos buscan escándalo donde solo hay trámites. Las renuncias, todas voluntarias, llegaron por canales normales y no por orden secreta. El organismo electoral continúa sus funciones sin que el país se detenga ni el sistema de conteo de votos se tambalee.
Al final, lo que queda es un capítulo más de la eterna novela institucional mexicana, donde cada cambio de personal se lee como crisis nacional aunque solo se trate de gente que decidió buscar otro horario.




