Lula regresa al poder y sueña con mandar en el club de los BRICS

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La reelección de Lula abre la puerta para que Brasil intente usar su peso en los BRICS como quien empuja una mesa en una reunión familiar caótica. El veterano líder quiere posicionarse como puente entre Occidente y el grupo, aprovechando que su país produce comida a montones y tiene algo de energía limpia. Los expertos ven aquí una oportunidad para que Brasil no solo hable de comercio, sino que también meta baza en temas como la reforma de organismos globales y el uso de monedas locales en vez del dólar.

Patricia Gabaldón señala que Brasil puede actuar como contrapeso dentro del bloque sin volverse un títere de nadie. La idea es impulsar la transición energética y el financiamiento para países en desarrollo, todo mientras se mantiene como democracia con lazos occidentales. El plan suena ambicioso, pero en la práctica parece más bien un intento de equilibrar influencias para no quedar aplastado entre gigantes.

El bloque ya no es el mismo club original de China, Brasil, Rusia, India y Sudáfrica. Ahora incluye a Arabia Saudí, Egipto, Emiratos Árabes Unidos, Etiopía, Irán e Indonesia, lo que lo vuelve un revoltijo de intereses contradictorios. Pinto de Mello advierte que Brasil deberá construir consensos sin convertir el grupo en un arma de confrontación contra Estados Unidos o Europa.

Las exportaciones brasileñas hacia China crecen por encima del veinte por ciento, impulsadas por soja, carnes y cereales, mientras que las ventas a Estados Unidos podrían caer cerca del siete por ciento por aranceles y menor dinamismo. Gabaldón recuerda que Estados Unidos sigue siendo el segundo socio en inversión y tecnología, por lo que abandonar ese mercado sería como cambiar un socio estable por uno que regatea cada factura.

El verdadero reto está en convertir el protagonismo diplomático en resultados concretos como más inversiones y una industria más fuerte. Lula apuesta por pagos en monedas locales y cooperación con el Sur Global, pero India y China mantienen sus propias disputas territoriales que complican cualquier acuerdo profundo. Al final, Brasil intenta no elegir bando, aunque el riesgo de quedar en medio de la pelea sigue siendo alto.

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