La presidenta Claudia Sheinbaum anunció un acercamiento con Petrobras para explorar petróleo en el Golfo de México, justo cuando Washington insiste en que México compre más gas estadounidense. La movida suena a quien cambia de tienda porque la del vecino ya le cobró de más y encima le exige lealtad eterna.
El memorando firmado en agosto busca que Pemex aproveche la experiencia brasileña en aguas profundas y someras. México mantiene su tope de 1.8 millones de barriles diarios y ahora quiere más exploración sin depender tanto de un solo proveedor. Sheinbaum rechazó que Estados Unidos haya cortado el suministro a propósito y atribuyó una baja anterior a una helada del sexenio pasado. Un incidente reciente en un gasoducto de Texas redujo el flujo 20 por ciento por fallas técnicas, lo que el director del Centro Nacional de Control del Gas Natural llamó “un llamado de atención”. Actualmente México importa 75 por ciento del gas que consume desde el norte, cifra que genera más de 60 por ciento de la electricidad nacional.
El Plan Nacional de Gasoductos invertirá 141 mil millones de pesos hasta 2030 para conectar trece nuevas centrales de ciclo combinado. Al mismo tiempo, la mandataria impulsa renovables para ganar soberanía energética y reduce la dependencia. Con Brasil se busca comercio complementario, no un tratado abierto que afecte sectores locales, y se explora tecnología sin autorizar fracking en el norte. La presión de Trump por más compras de gas quedó en segundo plano ante la meta de diversificar.
Al final, México prefiere coquetear con quien le ofrezca herramientas nuevas antes que seguir atado a una sola llave.




