Los gemelos Winklevoss y Silbert compiten por dominar el Zcash como en 2013

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Los primeros grandes apostadores del bitcoin han vuelto a enzarzarse, pero ahora el botín se llama Zcash. Esta criptomoneda de privacidad, que permite ocultar transacciones, subió casi un 3000 por ciento y despertó la codicia de Cameron, Tyler Winklevoss y Barry Silbert. Ambos bandos invierten fuerte en minería y lanzan fondos rivales para captar el dinero fresco que llega al token.

La historia se repite con más arrugas y menos pelos. Los Winklevoss compraron barato, montaron Gemini y ahora repiten la jugada con Cypherpunk Technologies. Silbert, por su lado, creó Digital Currency Group y respalda Fortitude Mining. Cada uno busca quedarse con el veinte por ciento de la potencia de minado, porque en Zcash quien más máquinas tenga se lleva más monedas y los demás se quedan mirando.

El detonante fue un fallo judicial estadounidense de marzo de 2025 que quitó varias dudas sobre las criptos de privacidad. Desde entonces, el precio se disparó y los dos bandos aceleraron sus planes. Grayscale, de Silbert, sacó primero un ETF de Zcash, mientras los gemelos pidieron el suyo semanas después. El resultado es una carrera absurda por ver quién controla más recompensas de minado en una red de suministro fijo.

Cameron Winklevoss lo resumió en Singapur como un déjà vu: si tuvieras una máquina del tiempo, comprarías más bitcoin antes. Ahora, dice, esa oportunidad se llama Zcash. Silbert, sin citarlo, respondió con inversiones millonarias en capacidad de procesamiento. Ninguno admite que se odian, pero la competencia por los mismos inversores y las mismas monedas habla por sí sola.

El chiste final es que la privacidad de Zcash sigue atrayendo tanto a quien quiere esconder dinero de verdad como a quien solo quiere esconder que llegó tarde al bitcoin. Mientras tanto, una vulnerabilidad descubierta con inteligencia artificial recuerda que hasta las cadenas más oscuras pueden tener agujeros. Al final, la única certeza es que quien no compre ahora volverá a quejarse dentro de diez años.

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