¿Recuerdas esos tiempos en que para sacar una casa del Infonavit necesitabas el árbol genealógico de tu primer jefe y una muestra de sangre de unicornio? Pues esos oscuros días de tortura burocrática terminaron. El gobierno ha decidido que tener un techo propio no debería ser más difícil que armar un mueble de tienda sueca sin que sobren tornillos.
En una mañanera que sonó a música celestial para los inquilinos perpetuos, la presidenta Claudia Sheinbaum anunció el milagro. Con solo seis meses chambeando y ganando menos de tres salarios mínimos, ya eres candidato. Se acabaron los veintisiete trámites y la espera de diez años que solo servían para coleccionar canas. Sheinbaum prácticamente dijo: «¿Eres joven y trabajador? Ten tu casa, deja de pagarle la vida a tu casero». El proceso es tan fácil que el mayor reto será elegir el color de las paredes.
Y no es puro cuento. El gobierno ya entregó más de 89 mil viviendas bajo este esquema de «cero dramas». Lo más sorprendente es que el 64% de los beneficiarios son mujeres, demostrando que el matriarcado inmobiliario es una realidad. Además, el 55% son jóvenes de entre 18 y 39 años, quienes ahora podrán organizar reuniones en su propia sala en lugar del parque, como dictaba la tradición milenial, sin preocuparse por espantar a las palomas.
Así que ya lo sabes. Mientras antes necesitabas la paciencia de un monje tibetano para calificar, ahora el Infonavit casi te busca en la calle para ofrecerte un crédito. Solo falta que el siguiente requisito sea saber la coreografía de «Payaso de Rodeo» para que te entreguen las llaves de tu nuevo hogar.




