Rusia y Ucrania se juntan en Abu Dabi para el enésimo intento de arreglar su desmadre

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Como esa pareja tóxica de amigos que termina y vuelve cada fin de semana, Rusia y Ucrania han anunciado que se sentarán a platicar otra vez. La cita romántica, con Estados Unidos de chaperón metiche, será en Abu Dabi, porque si vas a discutir sobre quién se queda con qué pedazo de tierra, qué mejor que hacerlo en un lugar con aire acondicionado y meseros que te traen cocteles con sombrillitas. El vocero del Kremlin, Dmitri Peskov, lo confirmó con el entusiasmo de quien anuncia que le toca volver a ver a su suegra: “Sí, sí, ahí nos vemos en noviembre”.

El supuesto milagro diplomático es obra de un enviado de Donald Trump, quien al parecer se aburrió de construir torres y ahora se dedica a armar y desarmar conflictos. Este celestino moderno primero se fue a Oslo a tomarse un café carísimo con Zelensky y otros líderes nórdicos, describiendo la reunión como “productiva”, que en lenguaje diplomático significa “al menos no nos aventamos los muebles”. Luego, voló a San Petersburgo para convencer a Putin, probablemente mostrándole un folleto turístico de los Emiratos Árabes.

Pero como en toda reunión familiar incómoda, cada quien llega con sus propias manías. Putin, en modo “o se hace a mi manera o no hay nada”, ya advirtió que no quiere una “pausita para ir por cigarros”, sino un “acuerdo definitivo”. Además, insiste en que las regiones que se agandalló en 2022 son suyas, declarando que son “territorio histórico de Rusia”. Es como si tu compañero de piso se anexara la sala y dijera que históricamente siempre fue suya porque una vez dejó su mochila ahí. Para rematar, soltó la clásica de “rusos y ucranianos somos un mismo pueblo”, que es el equivalente geopolítico de decir “en el fondo nos queremos”, justo antes de aventarse un plato a la cabeza.

El principal obstáculo sigue siendo el mismo que en una partida de Monopoly cuando ya todos están enojados: nadie quiere soltar sus propiedades. Kiev propone algo muy sencillo: “tú en tu lado de la raya y yo en el mío, y no nos tocamos”. Moscú, por su parte, sacó una lista de condiciones para volver que es más larga que la fila para las tortillas, pidiendo que Ucrania desarme su ejército y le prometa que jamás se juntará con la pandilla de la OTAN. No es la primera vez que intentan este numerito; ya tuvieron su primera cita en enero de 2026, una segunda en febrero y otra en Ginebra, con más fracasos que un solterón en una aplicación de citas.

Mientras los diplomáticos empacan sus guayaberas para el calorcito de Abu Dabi, en el campo de batalla se siguen dando hasta con la cubeta, demostrando que una cosa es hablar y otra muy distinta es dejar de lanzarse misiles. Así que, preparen las palomitas para ver otro capítulo de este drama que ya tiene más temporadas que ‘La Rosa de Guadalupe’ y menos sentido que una película de zombis en el espacio.

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