La presidenta Claudia Sheinbaum dejó claro que las pláticas comerciales con Estados Unidos no se contaminarán con exigencias de seguridad, aunque ambos temas corran en paralelo junto con la migración. Su receta es simple: reciprocidad o nada, como si negociara con un vecino que quiere el café sin pagar el azúcar.
Washington busca tres asuntos en la mesa: migración, seguridad y comercio. Sheinbaum respondió que México pide el mismo trato en los tres. En migración advirtió que la cooperación no puede ser unilateral, porque si la economía mexicana se tambalea, el flujo de gente hacia el norte solo aumentará. En seguridad exigió que, si México frena las drogas, Estados Unidos detenga el paso de armas y atienda su propio consumo interno.
La mandataria restó importancia a declaraciones de legisladores estadounidenses muy influenciadas por las elecciones de noviembre y subrayó que la relación bilateral sigue guiada por el respeto mutuo. Marcelo Ebrard encabeza las negociaciones acompañado por Julio Berdeguer, Roberto Lázari, Diana Alarcón y Altagracia Gómez, a quien Sheinbaum expresó condolencias por la reciente pérdida de su padre. El objetivo inmediato es bajar aranceles al acero, aluminio y autos, además de revisar el artículo 301.
Ebrard ya ha viajado dos veces a Washington en las últimas semanas y sigue allí en lo que la presidenta definió como un diálogo permanente. México quedó fuera de los gravámenes generales de Trump y solo enfrenta el 25 por ciento en sectores automotriz, acero y aluminio. Pese a advertencias del representante comercial Jamieson Greer sobre aranceles que podrían quedarse, Sheinbaum aseguró que las conversaciones avanzan de forma favorable y prometió mantener informada a la opinión pública.
El resultado es un ejercicio de equilibrio donde México marca el ritmo sin ceder terreno.





